DVV » Publicaciones » Educación de Adultos y Desarrollo » Ediciones » Número 65 » OBJECTIVOS DE DESARROLLO PARA EL MILENIO EDUCACIÒN PARA TODOS » Las niñas no pueden esperar: Por qué es importante educar a las niñas, y cómo lograr que ese objetivo se haga realidad ahoraand How to Make it Happen Now

Anne Jellema/Elaine Unterhalter

Este es un año en que el mundo no logrará alcanzar el primero y el más crucial de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio: la paridad entre los géneros en el área de la educación para el año 2005. En el curso de la próxima década, a menos que los dirigentes mundiales adopten drásticas medidas desde ya, el progreso inadmisiblemente lento en la educación de las niñas originará más de 10 millones de casos innecesarios de mortalidad materno-infantil, costará a los países pobres hasta 3 puntos porcentuales en pérdida de crecimiento económico, y será responsable de por lo menos 3,5 millones de casos evitables de VIH/SIDA. Como respuesta frente a esta situación de emergencia no reconocida, en este trabajo se propone un nuevo plan de acción destinado a incorporar a todas las niñas en las escuelas y en el proceso de aprendizaje. El documento termina con un encarecido llamado a los gobiernos y a la comunidad internacional para que aprueben el plan de acción y pongan a disposición mayores recursos. Anne Jellema es la coordinadora de la Campaña Global para la Educación (GCE, por su sigla en inglés). Elaine Unterhalter es profesora de Educación y Desarrollo Internacional del Instituto para Educación de la Universidad de Londres y coordinadora del proyecto en materia de género y educación financiado por Oxfam DFID, llamado «Beyond Access?»

Las niñas no pueden esperar: Por qué es importante educar a las niñas, y cómo lograr que ese objetivo se haga realidad ahora

«Si no se logra la igualdad entre los géneros para las niñas en el área de la educación, el mundo no tiene ninguna posibilidad de alcanzar muchas de las ambiciosas metas que se ha propuesto en materia de salud, justicia social y desarrollo.»Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, 3 de marzo de 2005

La permanente negación del acceso a la educación a una cantidad estimada en 60 millones de niñas constituye una emergencia mundial, aun cuando la comunidad internacional se rehúsa a reconocerla como tal.

  • Sólo este año, el hecho de no se haya alcanzado la meta de la ONU en cuanto a garantizar educación para todas las niñas el año 2005 originará más de un millón de casos innecesarios de mortalidad materno-infantil, y 10 millones a lo largo de una década.1
  • Las tasas de infección por VIH/SIDA se duplican entre los jóvenes que no concluyen su educación primaria. Si todos los niños y niñas recibieran una educación primaria completa se podrían prevenir por lo menos 7 millones de nuevos casos de VIH en una década.2
  • La educación es un activo económico esencial para las personas y para las naciones. Cada año de escolaridad perdida representa una disminución de entre 10% y 20% en los ingresos futuros de las niñas. Los países podrían aumentar el crecimiento económico per capita en cerca de 0,3 puntos porcentuales por año, o en 3 puntos porcentuales durante la próxima década, si simplemente llegaran a alcanzar una situación de paridad en la cantidad de niños y niñas matriculados.3
  • El hecho de no educar a niñas y mujeres perpetúa una situación de hambruna innecesaria. Los avances en la educación de la mujer contribuyeron enormemente a reducir la desnutrición entre 1970 y 1995, pues cumplieron un papel más importante que la mayor disponibilidad de alimentos.4
  • Las mujeres con educación están mejor preparadas para rehusarse a aceptar prácticas degradantes como la mutilación genital femenina, los matrimonios precoces y el abuso doméstico por parte de la pareja masculina.5

Cuando 189 jefes de Estado firmaron la Declaración del Milenio el año 2000, reconocieron que la educación de las niñas constituye un sólido y necesario primer paso en los esfuerzos tendientes a acabar con la pobreza y hacer respetar los derechos humanos. La primera de todas las metas de los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) que se impusieron fue alcanzar la paridad entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, prometiendo conseguir matricular a la mayor cantidad posible de niños y niñas en las escuelas para el año 2005. Sin embargo, para vergüenza del mundo, en una mayoría de países ni siquiera esta etapa preliminar se completará a tiempo.

No se debería permitir que los dirigentes mundiales oculten su incapacidad para alcanzar la primera de todas las metas de los ODM tras declaraciones complacientes en cuanto a que «la cantidad de niñas que están asistiendo a la escuela primaria ha aumentado como nunca antes». Lo cierto es que el acceso de niñas --y niños-a la educación ha estado aumentando poco a poco durante los últimos 50 años. A fines de la década de 1990 los países en desarrollo comenzaron a recuperar parte del terreno educacional perdido en los años ochenta, cuando la cantidad de alumnos matriculados se estancó o incluso disminuyó en gran parte de África y Asia Meridional. Con todo, el ritmo de progreso sigue siendo demasiado lento como para alcanzar los ODM, y si no aumenta de manera espectacular, el 40% de los países no lograrán alcanzar la igualdad de género en las matrículas ni siquiera el año 2015.6 Aproximadamente 86 países no se encuentran bien encaminados para conseguir el segundo de los ODM, el cual insta a lograr la educación primaria universal para el año 2015.7

Si bien la ventaja educacional de los niños respecto de las niñas disminuyó ligeramente en el nivel primario durante la década de 1990, este aparente «progreso» para las niñas se debió casi en la misma medida a marcados aumentos en la cantidad de niños fuera de las escuelas en algunas regiones, y a aumentos en el número de niñas escolarizadas. De hecho, la tasa neta de matrícula entre las niñas en edad de asistir a la escuela primaria en los países en desarrollo experimentó una leve baja durante la década de 1990, de 86% a 85%.8

A nivel de la escuela secundaria la brecha entre niñas y niños apenas si se ha reducido desde 1998; en el África Subsahariana sólo una de cada cinco niñas es matriculada en la enseñanza secundaria, cifra que prácticamente no ha variado desde 1990, y en algunos casos desde la independencia.9 Con estas tasas de «progreso» se requerirán más de 100 años para que todas las niñas africanas asistan a la escuela primaria, y cientos de años más para que tengan la oportunidad de acceder a la educación secundaria. ¿Es este realmente el tipo de progreso por el cual nuestros gobiernos estiman que merecen una felicitación?

La educación no es una bala de plata. Ella por sí sola no cuenta con el poderío suficiente para superar las múltiples causas de las privaciones y la opresión que sufre la mujer. Las mujeres, incluso aquellas que no reciben educación, afrontan una situación de desventaja arraigada en los mercados laborales, en la propiedad de los bienes, y en las opciones sexuales y reproductivas. Se requiere adoptar iniciativas más audaces en estos ámbitos. Aun así, en medio de un clima de persistente discriminación, la educación infunde en las niñas y en las mujeres una confianza fundamental en sus aptitudes y derechos, una capacidad para adquirir y procesar información, y les otorga un mayor poder adquisitivo. Proporcionar este activo esencial cuesta apenas US$ 100 anuales, y en el siglo 21 no puede haber excusas para negárselo a 60 millones de niñas.

La revisión de Beijing +10 y --más tarde este mismo año-la revisión de ODM +5, representan probablemente la última oportunidad antes del año 2015 para movilizar recursos y una auténtica voluntad política en apoyo de un plan y un cronograma sólidos con miras a lograr incorporar a todas las niñas en las escuelas y en el proceso de aprendizaje. Los intentos por encubrir el fracaso tras una fachada de éxito no nos conducirán a ninguna parte. Lo que se necesita en Beijing +10 es un informe exhaustivo y valiente sobre las razones por las que el progreso realizado hasta ahora ha sido insuficiente para alcanzar los objetivos, y sobre lo que un número mayor de gobiernos y organismos internacionales pueden y deben hacer ahora y harán en el futuro para educar a las niñas del mundo.

¿Se puede alcanzar el objetivo?

Progresar rápidamente en la educación de las niñas, en la escala necesaria para lograr la paridad entre los géneros a nivel mundial dentro de pocos años, es una tarea sumamente viable. Muchos de los países más pobres han realizado notables avances en un corto período. Mauritania, que se comprometió a entregar una educación primaria gratuita y obligatoria, en 1996 había aumentado en un 93% la proporción de niñas respecto de niños, a diferencia de un 63% en 1990. Mali redujo una pronunciada brecha entre géneros en más de 10 puntos porcentuales durante la década de 1990, y al mismo tiempo consiguió elevar las tasas de finalización de estudios primarios de niños y niñas en más de 20 puntos porcentuales. A continuación se destacarán los logros de Bangladesh y Uganda, entre varios otros casos exitosos que podrían citarse.

¿Qué diferenció a estos países de los demás? Ellos no estaban conformes con una serie de proyectos en pequeña escala y programas piloto, por lo que se embarcaron en una tarea masiva de expansión y mejoramiento del sistema de educación pública, y al mismo tiempo invirtieron en medidas tendientes a ayudar a las niñas pobres y a otros grupos excluidos a recibir educación. Sus experiencias nos demuestran que se puede progresar considerablemente en la educación de las niñas cuando el Gobierno asume un papel de liderazgo en la empresa de impartir educación a una mayoría y no a una minoría.

Cuando se trata de explicar por qué las niñas no asisten a la escuela, la razón que se impone abrumadoramente es la pobreza. Mientras más cara la instrucción, menos probable es que las familias inviertan en la educación de las niñas. En Kenia, por ejemplo, antes de que se abolieran los derechos de matrícula las probabilidades de que las niñas fueran retiradas de la escuela por razones de costo eran más del doble en comparación con los niños.10 Los «costos de oportunidad» representan asimismo un verdadero factor disuasivo para los hogares pobres: el trabajo infantil, remunerado o no, suele ser una importante contribución a la supervivencia de la familia, por lo que enviar a las niñas a la escuela puede significar menos alimento en la mesa al final de cada día. En Bangladesh y en Nepal «no resulta sorprendente que las niñas trabajen un promedio de 10 horas diarias»; y en países gravemente afectados por el VIH/SIDA las niñas están soportando sobre sus hombros gran parte de la carga que significa asistir a los enfermos y cuidar a los niños pequeños.11

Pese a lo anterior, ni la pobreza ni el VIH/SIDA tienen por qué negarle a ningún niño su derecho a la educación. Entre las medidas en favor de las niñas adoptadas por países con un «historial exitoso», una de las más eficaces ha sido abolir los cobros y cargos; decretar la obligatoriedad y la gratuidad de la educación primaria; prohibir las formas más abyectas de trabajo infantil; y proporcionar incentivos adicionales para ayudar a compensar a las familias pobres por la falta del trabajo de las niñas.12

  • Después de que Uganda abolió los derechos de matrícula, la tasa de inscripción de las niñas aumentó en 20 puntos porcentuales casi de la noche a la mañana; en el 20 % de niñas más pobres, dicha cifra subió de 45% a 82%.13
  • Cuando el Gobierno de Bangladesh introdujo el programa de estipendios en efectivo para las alumnas, la cantidad de niñas matriculadas en las áreas abarcadas por este sistema se elevó al doble del promedio nacional.14
  • En India, las niñas que viven en aldeas donde las escuelas ofrecen alimentación gratuita tienen un 30% más de probabilidades que las demás niñas de completar la educación primaria.15
  • Hace algunos años se estaba produciendo un éxodo masivo desde las escuelas de Lesoto a causa del SIDA. Pero en algunas de ellas la educación gratuita, combinada con alimentación escolar, está provocando el regreso de oleadas de huérfanos.16

Ahora bien, las medidas destinadas a erradicar la desventaja educacional que afrontan las niñas pobres no pueden detenerse en la puerta de la escuela primaria. Si desean aprender y adquirir verdaderas aptitudes, las niñas necesitan una cantidad razonable de aulas, un número adecuado de horas de instrucción, un abastecimiento apropiado de materiales didácticos sensibles con respecto al género, y probablemente lo más importante, docentes mejor capacitados y con un respaldo más amplio, entre los cuales se incluya una mayor cantidad de maestras.17Es preciso librar a las niñas de la amenaza del acoso y del abuso sexual, y de suposiciones sesgadas por género en cuanto a lo que los niños deberían aprender y de qué manera. Necesitan igualdad de oportunidades para avanzar en la escala educacional hasta alcanzar el nivel secundario e incluso el superior. Es menester que las escuelas incentiven a las niñas para que adquieran conocimientos y aptitudes que la sociedad normalmente les niega a las mujeres (se trate de matemáticas y ciencias, de educación sobre salud sexual y reproductiva o de programas sobre aptitudes para la vida), a fin de aumentar su grado de autoconfianza y sus capacidades de negociación.

Cómo lograr que ese objetivo se haga realidad AHORA

Los historiales de éxitos por país citados anteriormente, junto con algunos otros ejemplos destacados, demuestran que la meta en materia de educación fijada para el año 2005 no era ni irreal ni inviable. Si no se ha logrado cumplir, ello se ha debido más bien a que tanto la comunidad internacional como los gobiernos nacionales le han prestado insuficiente atención política y han aportado una cantidad deplorablemente exigua de dinero para alcanzarla.

La mayoría de los países que han abolido los derechos de matrícula y han abierto a todo el mundo las puertas del aprendizaje están destinando un 20% ó más de su presupuesto a la educación. Por ejemplo, desde que Kenia introdujo la enseñanza primaria gratuita el año 2003, los gastos en educación se han elevado hasta un 40% del presupuesto público.18 Aun así, a pesar de los compromisos de larga data para incrementar el gasto en educación al 6% del PIB, los países de África y de Asia Meridional y Occidental aún destinan un promedio inferior al 3,5% del PIB a inversiones en todos los niveles de la educación.19El porcentaje del PIB que esos países otorgan a la educación primaria es, en promedio, menor que el asignado a gastos militares. Asimismo, más de 100 países continúan imponiendo cargos y cobros de diverso tipo a la educación primaria.20 Muy pocos países cuentan con un plan nacional de amplio alcance de estipendios en efectivo, alimentación escolar gratuita y otros incentivos para respaldar la asistencia de las niñas y de los alumnos más pobres a las escuelas.

Incluso si todos los países en desarrollo aumentaran substancialmente su propia inversión en educación, seguirían necesitando un apoyo adicional de los países ricos para alcanzar los ODM. Los países ricos admitieron esta realidad cuando el año 2000 se comprometieron a que «ningún país seriamente comprometido con la Educación para Todos se vea privado de recursos para alcanzar esta meta». Bellas palabras, pero a pesar del enorme caudal de dinero acumulado en el mundo desde el año 2000, los países ricos han destinado montos muy exiguos a paliar la situación de emergencia encubierta que supone la marginación de las niñas de las escuelas. Los países donantes sólo aportan un quinto de la ayuda que se requeriría para alcanzar la enseñanza primaria universal el año 2015. La ayuda total prestada por el G8 a la educación básica asciende a cerca de la mitad del costo de un bombardero Stealth.

En 2001 se estableció la Iniciativa por Vía Rápida (IVR) de Educación para Todos, en la cual el G8 y los EE.UU. brindaron su apoyo a fin de acelerar la prestación de ayuda a países que cumplieran con estrictos criterios en cuanto a políticas adecuadas para alcanzar las metas de educación. Ella debería ser el motor internacional que impulse una expansión masiva y coordinada de la educación de las niñas en todos los países en desarrollo. Sin embargo, la IVR está fracasando porque la comunidad donante ha comprometido sólo mezquinas sumas de dinero:

  • Yemen desearía construir más escuelas en zonas rurales y expandir un programa de estipendios que ha demostrado ser muy eficaz para atraer a niñas pobres a la escuela. Así y todo, pese a contar con el respaldo de la IVR --lo que para los donantes equivale a una educación de máxima calidad (con calificación «AAA»)--, aún le faltarían unos US$ 96 millones anuales para continuar con sus planes.
  • Mauritania, a cuyo espectacular historial en cuanto al aumento de la tasa de matrícula de las niñas ya se aludió en párrafos anteriores, necesita casi el doble de la ayuda que recibe en la actualidad para poner en práctica los planes de educación aprobados por los donantes de la IVR.
  • La falta de financiación por parte de los donantes limita la IVR a asociaciones con sólo 13 países, pero hay muchos más que precisan con urgencia mayores recursos para sustentar y expandir el progreso. Por ejemplo, al abolir los derechos de matrícula Kenya ya ha logrado que un contingente adicional de 1,5 millones de niños, la mayoría de ellos niñas, se incorpore en el sistema escolar; pero mientras la cantidad de aulas ha aumentado a más de 100 en las zonas rurales, el Gobierno no ha sido capaz de elevar el número de maestros desde 1998.21

Conclusión y recomendaciones

Hoy y todos los días, más de 50 millones de niñas menores de 15 años de edad trabajarán en las condiciones más rigurosas y peligrosas, en lugar de asistir a la escuela.22 Hoy y todos los días, más de 2 700 niños menores de 5 años morirán inútilmente porque a sus madres se les negó la educación en una etapa anterior de su vida. Otros cerca de 200 otros jóvenes que se contagiarán con el VIH/SIDA habrían podido mantenerse a salvo si hubieran recibido enseñanza primaria. Este y todos los días que transcurran sin una acción concertada a fin de alcanzar los objetivos educacionales para los años 2005 y 2015, a 60 millones de niñas se les negará la oportunidad de abrir su mente y cambiar su futuro gracias a la educación.

Las niñas ya no pueden esperar. La GCE insta a los gobiernos y a la comunidad internacional a acordar la adopción de un nuevo plan de acción destinado a garantizar que para el año 2015 todos los niños y niñas completen efectivamente la enseñanza primaria, con igualdad de género en los logros académicos:

  1. Para fines del año 2005, condonar la deuda impagable de los países pobres y aumentar a US$ 7 000 millones anuales la ayuda entregada por los donantes a la educación básica. Expandir la Iniciativa por Vía Rápida de manera de proporcionar a fines del año 2005 una financiación plena, predecible y a largo plazo a por lo menos 30 países que están en condiciones de acelerar el progreso en la educación de las niñas. Establecer un cronograma y un plan de movilización de recursos a fin de expandir la IVR a todos los restantes países de bajos ingresos con planes adecuados.
  2. Para fines del año 2005, adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar las peores formas de trabajo infantil, como prometieron los gobiernos al ratificar la Convención 182 de la OIT en 1999.
  3. Para el año 2006, aumentar el gasto público en educación básica a por lo menos el 3% del PIB.
  4. Para el año 2006, abolir los cargos y cobros en la enseñanza primaria, y conferirle a la educación un carácter gratuito y obligatorio por al menos 6 años. Establecer un plan sujeto a un plazo límite para expandir progresivamente la gratuidad y obligatoriedad de la educación a por lo menos 9 años.
  5. Para el año 2007, introducir programas nacionales de amplio alcance destinados a prestar apoyo adicional (como transferencias en efectivo a condición de que los niños asistan a la escuela, o alimentación escolar gratuita) a las familias más pobres para ayudarlas a compensar el costo de oportunidad que supone enviar a los hijos a la escuela. Garantizar oportunidades de educación a todas las mujeres analfabetas, puesto que la alfabetización de las madres ayuda a respaldar la inscripción de las niñas en las escuelas y su progreso académico.
  6. Para el año 2008, velar por que cada niña tenga acceso a un lugar seguro y acogedor donde aprender, por ejemplo construir más escuelas cerca de las comunidades, facilitar letrinas privadas e higiénicas, garantizar que cada escuela cuente con mujeres docentes, incluir en los programas de formación docente módulos de capacitación sobre problemas del género, y actuar de manera resuelta a fin de erradicar la violencia contra las niñas que asisten a la escuela.
  7. Al tiempo que se realizan arduos esfuerzos por ampliar la finalización de estudios y el acceso a la educación, asegurarse de que también se avance hacia la igualdad entre los géneros en la educación y a través de ella. Introducir el monitoreo desglosado por género de los logros y resultados de aprendizaje. Promover el respeto por una variedad de estilos de aprendizaje. Integrar en el currículum la educación sobre habilidades para la vida y la información sobre salud sexual y reproductiva. Aumentar el grado de participación femenina en la toma de decisiones sobre educación, y velar por que las maestras gocen de igualdad de condiciones en el servicio, y de las mismas oportunidades para progresar en la carrera.

Estas medidas, adoptadas en conjunto, transformarían la vida y el futuro de decenas de millones de mujeres durante la próxima década. Pero no se concretarán a menos que los grupos que estudian asuntos relativos al género y los que se ocupan de problemas de desarrollo y educación formen una nueva alianza destinada a presionar a los gobiernos para que actúen. A nivel de las bases es menester que trabajemos en conjunto para garantizar que no se cobren derechos de matrícula, que se alivien todas las angustias de los padres, y que todos los niños reciban un trato digno. Tenemos que propugnar la adopción de enfoques multisectoriales, y exigir soluciones claras cuando barreras impuestas fuera del sistema escolar impiden que las mujeres instruidas puedan traducir plenamente sus aptitudes y competencias en una vida mejor. Es preciso que realicemos un esfuerzo conjunto en todos los niveles para alcanzar la meta de los ODM relativa a los géneros, entendida no sólo como un medio de alcanzar la paridad entre géneros en la educación sino además como parte de un afán más universal de lograr la igualdad entre hombres y mujeres y hacer respetar los derechos humanos en todos los sectores: la salud, la política, la economía y la cultura.

La educación es un activo esencial para la mujer y un derecho humano fundamental para todos. La silenciosa situación de emergencia que ha negado este derecho a tantos menores, la mayoría de ellos niñas, constituye un escándalo al que debemos poner fin mediante nuestra acción concertada durante el año 2005.

Notas

1 D. Abu-Ghaida y S. Klasen, «Los Costes de Desarrollo Económico y Humano del Fracaso del Objetivo de Desarrollo del Milenio de Paridad de Género», Banco Mundial, Documento de Debate 29710 del Banco Mundial (Washington: Banco Mundial, 2004).

2 GCE, Learning to Survive: How education for all would save millions of young people from HIV/AIDS (Bruselas: GCE, 2004).

3 G. Psacharapoulos y H. Patrinos (2002) «Rendimiento de la Inversión en Educación: Nueva Actualización», Investigación de Políticas del Banco Mundial, Documento de Trabajo 2881 (Washington: Banco Mundial, 2002); Abu-Ghaida y Klasen, «Los Costes de Desarrollo Económico y Humano ...».

4 L. Smith y L. Haddad, «Explaining Child Malnutrition in Developing Countries.» Informe de Investigación Nº 111 del International Food Policy Research Institute (Washington DC: International Food Policy Research Institute).

5 B. Herz y G. Sperling, What Works in Girls' Education (Washington: Council on Foreign Relations, 2004).

6 UNESCO, EFA Global Monitoring Report 2003/4 (París: UNESCO, 2004), p. 18.

7 B. Bruns y otros, A Chance for Every Child: Achieving universal primary education by 2015 (Washington, Banco Mundial, 2003), p. 5.

8 UNESCO, EFA Global Monitoring Report 2003/4, Tabla 2.9, p. 50.

9 GCE, A Fair Chance: Attaining gender equality in basic education by 2005 (Londres: GCE, 2003), p. 17.

10 GCE, A Fair Chance..., p. 23.

11 UNESCO, Informe de Seguimiento de la EPT en el Mundo, p. 127, 166.

12 Con respecto a la prevalencia de los matrimonies precoces y del trabajo infantil como barreras que dificultan la educación de las niñas, véase UNESCO, EFA Global Monitoring Report 2003/ 4, pp. 120-124. En cuanto al papel de las leyes sobre obligatoriedad de la educación en la lucha contra estas prácticas, véase K. Tomasevski, Education Denied: Costs and remedies (Londres: Zed Books, 2003); y GCE, A Fair Chance.

13 K. Deininger, `Does Cost of Schooling Affect Enrollment by the Poor? Universal primary education in Uganda', Economics of Education Review 22(3): 291-305, 2003.

14 Banco Mundial, `Pioneering Support for Girls' Secondary Education: The Bangladesh Female Secondary School Assistance Project' (Washington: Banco Mundial, 2001).

15 J. Dreze y G. Kingdon, `School Participation in Rural India', Development Economics Discussion Paper No 18, Londres School of Economics, 1999.

16 GCE, Learning to Survive..., p. 16.

17 En todo el mundo en desarrollo menos de la cuarta parte de los docentes son mujeres (GCE, Fair Chance, p. 26). «La cantidad de niñas matriculadas aumenta en relación con la de niños a medida que la proporción de maestras, reducida en un principio, se eleva» señala la UNESCO en el EFA Global Monitoring Report 2003/4, p. 60. Si bien no es fácil determinar la dirección de la causalidad, existen «sólidas evidencias que sugieren» que la existencia de una mayor cantidad de maestras incentivará el ingreso de más niñas a la escuela.

18 Primera Misión de Revisión Conjunta de los Logros de la Educación Primaria Gratuita de Kenia y del Diseño del Programa de Apoyo al Sector Educacional de Kenya, `Memorándum', 16 de sept. a 1 de oct 1 de 2004 (despachado).

19 UNESCO, EFA Global Monitoring Report 2005, Tabla 14, p. 368.

20 UNESCO, EFA Global Monitoring Report 2003/4, Tabla 3.3, p. 136.

21 First Joint Review Mission of Kenya Free Primary Education [Primera misión de revisión conjunta de la educación primaria gratuita en Kenya], memorándum.

22 En las cifras de la OIT para el año 2000 se estimaba que en ese entonces 111 millones de menores entre 5 y 14 años de edad se encontraban realizando labores riesgosas; aunque no se proporciona un desglose por género, es razonable suponer que por lo menos un 45% de ellos eran niñas.